domingo, 18 de febrero de 2007

El Ilusionista

Ya desde el principio, la película promete. Los créditos aparecen acompañados por una música orquestal muy bien hecha. El espectador (o sea, yo) piensa "¡Opa! Consiguieron a un tipo competente para hacer la música, esto es mucho mejor que lo de "Babel" (que no estaba mal, pero la nominación al Oscar parece un poco excesiva). Los nombres de los responsables de la película van apareciendo uno a uno, hasta que aparece el nombre que el espectador estaba buscando: Philip Glass. En este punto, los texturas típicas del gran compositor estadounidense empiezan a manifestarse en la banda sonora, identificándolo inequívocamente, y el espectador recuerda que el compositor está nominado al Oscar (sin embargo, no por esta película, sino por "Notes of a Scandal").

Entonces, empieza la película. La pantalla muestra la magnífica Viena del siglo XIX. Y el espectador, observando los colores, la luminosidad y la calidad general de la imagen piensa "Excelente fotografía". Y, de hecho, la única nominación al Oscar de esta película es por su fotografía. Y es una lástima, porque esta película supera ampliamente a muchas de las películas que compiten por el Oscar. Justo el día anterior, el espectador había visto "El Laberinto del Fauno". Y aunque es una buena película, me gustó más "El Ilusionista". ¿Por qué?

Porque "El Ilusionista" es una película que fue realizada con el único objetivo de hacer una buena película. No es una película que intenta transmitir un mensaje. No tengo nada contra los mensajes, pero cuando el deseo de transmitir un mensaje empieza a ser el móvil principal de los realizadores de una película (o de su guionista, o de su director, que son quienes deciden sobre esos aspectos), el producto final muchas veces se ve empobrecido, porque se toman decisiones en base a la moral de la historia, en lugar de tomarse decisiones con criterios narrativos y cinematográficos.

En lugar priorizar la narrativa de la historia, se le da más importancia a escenas que pretenden mostrar lo malo que es Fulano, lo bueno que es Mengano, etc. Esto no pasa con "El Ilusionista", cuyo argumento está muy bien armado, y fue llevado a la pantalla con un gran esmero. La ambientación de época es excelente, el tono de la película es perfectamente adecuado (la fotografía juega un rol importante en esto), la banda sonora (tocada por una orquesta, a la vieja usanza, y por un piano) acompaña perfectamente cada escena, el elenco es excelente (Edward Norton como Eisenheim el ilusionista, Jessica Biel como su interés romántico, Paul Giamatti como un inspector de policía que oficia de sabueso para el hijo heredero del emperador de Austria, Rufus Sewell como el mencionado príncipe).

Todos los elementos de la película contribuyen para contar la historia: un asunto romántico, donde un mago y un príncipe en la Viena del siglo XIX compiten por una aristócrata, todo esto sazonado con conspiraciones, asesinatos y otros sabrosos ingredientes.

No hay escenas gratuitamente morbosas, que parecen estar poniéndose de moda. En fin, es cine y punto. Tal vez yo no esté logrando transmitir verdaderamente la sensación que me dio esta película, pero fue muy buena. Mientras la miraba, pensaba: "Esto sí es una película". Hacía tiempo que una película no me causaba esa sensación. Algo parecido me pasó con "Diamante de Sangre", que, sin embargo, tenía su mensaje. Éste, sin embargo, no entorpecía la historia. Su director tampoco permitió que los aspectos "mensajísticos" de su película le impidieran usar los mejores recursos posibles para contar una historia. No dejó a un lado lo principal: entretener al espectador. Y por eso, el espectador le queda muy agradecido.